La sopa de coliflor con personalidad: ni crema ni puré, la versión que se come con cuchara grande
Una preparación que deja los ramilletes enteros, se cocina en 15 minutos y se arregla con lo que hay en la heladera. Acá, los trucos para que no quede un caldo triste.
Prometemos una sopa distinta. Y esta vez, atentos: sí lo es. La versión troceada de la sopa de coliflor se aleja del clásico puré liso y apuesta por dejar los ramilletes enteros, con cuerpo y textura. Una decisión simple que cambia todo.
Cómo se arma, sin complicarse
El arranque es el de siempre: cebolla en cubos, coliflor separada en ramilletes y hojas externas descartadas. En una olla con aceite de oliva se lleva la cebolla a fuego medio hasta que quede transparente, se suma sal, pimienta y pimentón dulce. Esto último se tuesta unos segundos —ojo, que se quema fácil— y ahí se incorpora la coliflor. Se rehoga un par de minutos y se agrega caldo de verduras, sin llegar a cubrir la verdura. La cocción a fuego medio dura unos 15 minutos. Nada más.
El resultado es un caldo con aroma a pimentón, sin necesidad de espesantes ni de crema. La coliflor aporta fibra y vitamina C, lo que la convierte en una aliada razonable para los meses fríos.
Con qué acompañarla para que no quede en penitencia
- Rebanadas de pan de masa madre tostado con ajo y aceite de oliva: lo más directo y lo más rendidor.
- Garbanzos con especias: suman proteína y un crujido que va de lujo con el caldo.
- Preparado a base de frutos secos y levadura nutricional, tipo queso vegetal rallado: para los que buscan una vuelta vegana sin resignar sabor.
Lo compro: la receta es viable para una comida entre semana y para cocinar en cantidad y guardar. Sin equipamiento raro, sin ingredientes de nicho y con tiempos cortos. Honestamente, difícil pedirle más a una sopa.
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San Juan Byte