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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Natalia López y el año que transformó su vida entre el hielo de la Antártida

A los doce años, la hoy periodista y locutora pasó una invernada entera en la Base Esperanza junto a su familia. En su primer libro reconstruye la rutina, los riesgos y los aprendizajes que la acompañaron siempre, incluido el instante en que cayó al agua y fue rescatada por su hermana.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Natalia López y el año que transformó su vida entre el hielo de la Antártida

Quiero contarles la historia de Natalia, una nena de doce años que en 1996 se subió a un avión con sus padres y sus hermanos rumbo a un lugar al que casi nadie va por elección: la Antártida. Allí, en la Base Esperanza, pasó una invernada completa, esos meses oscuros y helados en los que el continente blanco queda prácticamente aislado del resto del mundo. Esa experiencia, que marcó su infancia para siempre, es la que ahora relata en su primer libro, Una casa en el fin del mundo, donde reconstruye la vida cotidiana en una base donde conviven familias con militares y científicos.

Según consta en archivos del Ministerio de Defensa y de la Dirección Nacional del Antártico, la Base Esperanza funciona de manera continua desde 1953 y está habilitada para que dotaciones completas, incluidas familias con hijos en edad escolar, pasen todas las temporadas, incluidas las duras invernadas. En 1996, Natalia López era una de las chicas que formaba parte de esa comunidad: iba a la escuela, jugaba con otros pibes y aprendía a moverse sobre un terreno que parecía un paisaje de otro planeta.

Una infancia con casino, metegol y caminatas con radio

En las horas libres, los chicos de la base se reunían en el casino, un salón con mesa de pool, metegol y equipos para escuchar música. También salían a caminar, siempre con una radio handy para no perder contacto con los adultos que se quedaban en el edificio principal. Antes de cualquier salida, les daban instrucciones precisas para reconocer los sectores seguros y los puntos donde el hielo podía jugarlas una mala pasada.

En una de esas caminatas, el hielo se rompió bajo sus pies y Natalia terminó sumergida en el agua de deshielo. Cuenta que quedó agarrada con manos y brazos del borde del pozo mientras sus compañeros pedían ayuda. Su hermana fue la que se agachó para darle una mano y sacarla de ahí. Un adolescente avisó por radio a la base y, mientras los adultos salían a buscarlos, ella y el resto del grupo caminaron unos tres kilómetros para volver por sus propios medios. Al llegar le dieron una ducha caliente para que recuperara temperatura y, como ella misma remarca con una sonrisa algo resignada, sus padres la retaron por no haber calculado el riesgo.

“El hielo cedió, caí al agua y quedé sostenida hasta que mi hermana me ayudó a salir. Después me retaron, porque en la Antártida esas cosas no se hacen.”Natalia López

La radio, la austeridad y un oficio que nació en el fin del mundo

La convivencia en la base dejó marcas que Natalia todavía carga. Se vivía con lo justo y cada objeto tenía otro valor: cerca del final de la estadía, cuenta, los chicos intercambiaron cucharitas por manzanas con pasajeros de un buque turístico alemán que pasó por la zona. Esa mirada austera, dice, sigue ordenando su manera de entender las cosas cotidianas, desde la ropa hasta la comida.

El otro gran aprendizaje fue profesional. Su madre trabajaba como locutora en la filial de Radio Nacional que funcionaba dentro de la Base Esperanza, y ese contacto encendió la mecha. Natalia se recibió de periodista y locutora, hizo una tesis documental sobre la Antártida y volvió al continente blanco en cuatro oportunidades. Tres décadas después de aquella invernada, esa nena que cayó al agua de deshielo reconstruye todo en un libro y se pregunta, mirando hacia atrás, qué aprendizaje de la infancia sigue vivo en la mujer en la que se convirtió.

  • Vivir un año en la Base Esperanza en 1996, cuando tenía 12 años, junto a su familia.
  • La rutina de los chicos incluía el casino de la base y caminatas con radio de comunicación.
  • En una salida el hielo se rompió, cayó al agua y fue rescatada por su hermana.
  • El accidente dejó como enseñanza una ducha caliente y una buena reto de los padres.
  • En la base aprendió la austeridad, al punto de truequear cucharas por manzanas con turistas alemanes.
  • Su madre era locutora en Radio Nacional de la base y eso despertó su vocación periodística.

Lo que se puede hacer desde casa

Para los lectores que se quedan con ganas de saber más, una buena puerta de entrada es leer Una casa en el fin del mundo, donde Natalia López despliega con detalle cada escena. También vale buscar en la web de la Dirección Nacional del Antártico los informes sobre las dotaciones que pasaron por las bases, y animarse a escuchar podcasts y documentales sobre la vida en la Antártida: son una forma cercana, sin necesidad de atravesar medio planeta, de entender cómo viven allí las familias que eligen pasar una temporada en el fin del mundo.

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Marina MoralesEducación y tecnología

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