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VIE, 16 OCT 2026
Economía

Solo uno de cada siete jóvenes accede a un empleo pleno y la brecha se ensancha según el estrato socioeconómico del hogar

Un informe de la UCA muestra que el 70% de los argentinos de entre 18 y 25 años está afuera del trabajo registrado. La condición laboral del principal sostén del hogar aparece como un factor determinante para explicar quién estudia, quién trabaja y quién queda al margen de ambos circuitos.

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Natalia QuirogaNegocios y economía digital · · lectura 4 min
Solo uno de cada siete jóvenes accede a un empleo pleno y la brecha se ensancha según el estrato socioeconómico del hogar

El dato surge del último relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) y resulta elocuente por sí mismo: apenas el 14,2% de los jóvenes de entre 18 y 25 años accede a un empleo pleno en la Argentina. La cifra, obtenida de la Encuesta de la Deuda Social Argentina, coloca al trabajo registrado como una excepción dentro de un mercado laboral juvenil marcadamente fragmentado, donde el punto de partida familiar define en gran medida las posibilidades de inserción.

Una estructura que combina informalidad, desempleo e inactividad

Vamos a los números. Del total de jóvenes de ese tramo etario, el 30,2% tiene algún tipo de empleo regular, pero dentro de ese grupo el 16% trabaja en condiciones precarias. A ese segmento se suma un 22,5% que se mueve entre changas, trabajos eventuales o intermitentes, o que atravesó un episodio de desempleo reciente. Un 10,7% lleva más de seis meses sin trabajo y un 36,6% directamente no busca ni ejerce actividad laboral. Sumadas, las categorías que quedan fuera del empleo pleno superan el 85% del universo relevado.

La comparación con el mismo segmento etario en mediciones previas, así como con el promedio nacional de informalidad laboral, que se ubica en torno al 35% según los últimos datos oficiales del INDEC, muestra que los jóvenes están sobrerrepresentados en las franjas más vulnerables del mercado de trabajo. La brecha no se explica únicamente por la edad: el nivel socioeconómico del hogar aparece como un factor amplificador.

El estrato del hogar como variable clave

El 20,7% de los jóvenes argentinos de entre 18 y 25 años no estudia ni trabaja. En el estrato socioeconómico muy bajo esa proporción trepa al 34,2%, contra el 8,3% en el estrato medio alto. La posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar también cambia según el hogar de origen: el 41,2% de los jóvenes del estrato medio alto solo estudia, mientras que en el estrato muy bajo esa cifra cae al 15,6%. Solo el 13% de los jóvenes logra combinar estudio y trabajo al mismo tiempo, lo que vuelve a mostrar una experiencia minoritaria dentro del universo relevado.

  • La inserción laboral irregular sin estudio aumenta del 4,9% al 26,8% entre el estrato medio alto y el estrato muy bajo.
  • El porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan pasa del 13,3% al 30,5% cuando el jefe o jefa de hogar deja de tener empleo pleno y pasa a una situación de subempleo o desempleo inestable.
  • En el estrato medio alto, cuatro de cada diez jóvenes pueden dedicar todo su tiempo al estudio; en el estrato muy bajo, esa proporción se reduce a menos de dos de cada diez.

El peso del sostén del hogar

El informe del ODSA señala que cuando el principal sostén económico del hogar tiene empleo pleno, las chances del joven de mantenerse dentro del sistema educativo aumentan de manera considerable. Cuando predominan la precariedad o el desempleo en el hogar, en cambio, crece la probabilidad de que el joven tampoco estudie ni trabaje. Sin embargo, el propio Observatorio advierte que incluso un empleo protegido del principal sostén económico no alcanza a borrar la desventaja asociada a una posición socioeconómica baja: la transmisión intergeneracional de la vulnerabilidad opera más allá de la situación laboral puntual del adulto de referencia.

El impacto sobre los ingresos

La falta de inserción formal tiene consecuencias directas sobre el bolsillo. Según un estudio de la consultora Zentrix, el 85,5% de los jóvenes de entre 18 y 39 años llega al día 20 del mes sin dinero disponible, frente al 60,6% de quienes tienen entre 40 y 59 años. La menor antigüedad laboral, la mayor incidencia de la informalidad y los salarios de entrada explican en parte esa diferencia respecto de los adultos de mayor edad, que cuentan con trayectorias más largas en el mercado formal y con remuneraciones promedio superiores.

Qué cambios haría falta en el mercado laboral

Para que los jóvenes puedan sostener estudio y trabajo al mismo tiempo, los datos sugieren al menos cuatro líneas de intervención. En primer lugar, políticas activas de empleo orientadas a la franja de 18 a 25 años, con incentivos concretos para que las empresas registren a trabajadores jóvenes y reduzcan la rotación que caracteriza a los contratos de entrada. En segundo lugar, esquemas de compatibilización entre la jornada laboral y el calendario académico, con becas de sostenimiento y programas de primer trabajo que contemplen la continuidad educativa. En tercer lugar, un refuerzo de los mecanismos de protección social para los hogares con empleo precario o inestable, ya que la condición del principal sostén condiciona de manera directa la permanencia de los jóvenes en el sistema educativo. Por último, acciones focalizadas en los estratos socioeconómicos más bajos, donde la doble condición de no estudiar y no trabajar alcanza a uno de cada tres jóvenes, una proporción que duplica el promedio nacional y que exige respuestas específicas, de alcance territorial y sostenidas en el tiempo.

“Incluso un empleo protegido del principal sostén económico no alcanza a borrar la desventaja asociada a una posición socioeconómica baja.”Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), UCA
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Natalia QuirogaNegocios y economía digital

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