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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Tomar un té bien caliente puede aliviar el calor, pero solo si el sudor se evapora

Una explicación del profesor John Tregoning describe por qué una infusión caliente ayuda a refrescar el cuerpo en ambientes secos y ventilados, mientras que en lugares húmedos puede sumar calor. La clave está en la hidratación sostenida y en las condiciones del entorno.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Tomar un té bien caliente puede aliviar el calor, pero solo si el sudor se evapora

Lo primero que me queda dando vueltas cada vez que arranca el verano es la imagen de la abuela de mi vecina Marta, en el barrio de Caballito, sentada en la silla de plástico del patio con la pava humeando al lado y el ventilador de pie moviendo el aire sobre la cara. Ella siempre decía que el mate bien caliente la refrescaba, y durante décadas pensé que era una de esas creencias de familia que resisten todo. Hasta que empecé a leer con más detenimiento lo que explica el profesor John Tregoning, especialista en bienestar, y entendí que la intuición de Marta tenía un sustento fisiológico más serio de lo que yo imaginaba.

Según el material al que tuve acceso, tomar una infusión caliente puede ayudar a perder calor en un ambiente seco y ventilado, pero el efecto cambia si hay mucha humedad o el aire no circula. Tregoning aclara que la bebida aporta calor al cuerpo y, al mismo tiempo, estimula la transpiración. Para que el balance resulte refrescante, ese sudor tiene que evaporarse. La conclusión operativa es directa: mantener la hidratación es más relevante que elegir una temperatura determinada para beber, porque lo que define la sensación de alivio son las condiciones del entorno.

Por qué una bebida caliente puede enfriar

El mecanismo tiene una lógica que vale la pena desplegar paso a paso. Cuando ingiero un líquido a alta temperatura, incorporo energía térmica al organismo. Esa carga extra no se queda quieta: el cuerpo la detecta y reacciona aumentando la producción de sudor. El sudor, a su vez, cumple un rol refrigerante solo cuando se transforma en vapor y se lleva consigo parte del calor interno. Si el aire que me rodea está seco y en movimiento, la evaporación ocurre con relativa facilidad. Por eso la brisa, una corriente de aire o el ventilador de Marta cumplían una función mucho más importante de lo decorativa.

Ahora bien, la transpiración por sí sola no garantiza el enfriamiento. Cuando el agua sobre la piel se convierte en vapor, utiliza energía térmica del cuerpo y libera calor hacia el ambiente. En cambio, si el sudor permanece sobre la superficie, empapa la ropa o resbala en gotas, se pierde líquido sin obtener el mismo efecto refrescante. Es la diferencia entre enfriarse y solamente mojarse.

Qué cambia cuando hay humedad

La humedad es el factor que inclina la balanza. Cuando el aire ya contiene mucho vapor de agua, la evaporación se vuelve más difícil, y la falta de circulación termina de cerrar el círculo: el aire húmedo queda pegado a la piel y el mecanismo pierde eficiencia. En esas condiciones, el calor incorporado con la infusión puede superar al que el cuerpo consigue liberar. Lo mismo ocurre dentro de una habitación cerrada, sin ventanas abiertas ni ventilación cruzada: el resultado puede ser una mayor acumulación de calor en lugar de alivio.

  • En ambientes secos y ventilados, una infusión caliente puede favorecer la pérdida de calor a través del sudor que se evapora.
  • En ambientes húmedos y sin circulación de aire, la misma bebida puede sumar calor corporal en lugar de refrescar.
  • La hidratación frecuente es la prioridad, más allá de la temperatura del líquido elegido.
  • Las bebidas frías dan una sensación inmediata de frescura, pero no sostienen el enfriamiento por evaporación.
  • La decisión entre una opción y otra depende tanto del gusto como de las condiciones del lugar.

Qué se puede hacer desde casa

La recomendación de Tregoning es clara y bastante realista para aplicar en la rutina diaria: sostener el consumo de líquidos a lo largo de toda la jornada, prestar atención a la humedad ambiente y, sobre todo, garantizar circulación de aire. En lo concreto, eso se traduce en algunos gestos simples: ubicarme en un lugar con sombra y brisa, abrir ventanas opuestas para generar corriente, encender un ventilador que mueva el aire sobre la piel o evitar permanecer en habitaciones cerradas con vapor acumulado. Si tengo ganas de tomar un té caliente, un café o un mate durante una ola de calor, puedo hacerlo sin culpa, siempre que el lugar me permita transpirar y evaporar ese sudor. Y si lo que me pide el cuerpo es una bebida fría, también está bien: la sensación de frescura inmediata tiene su valor. Lo que no tiene sentido es obsesionarse con la temperatura del vaso: el verdadero refresco se construye con agua, aire en movimiento y un entorno que le permita al cuerpo hacer su trabajo.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología

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