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VIE, 16 OCT 2026
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Una librería, un tren y dos casados: la película que juntó a De Niro y Streep en un romance atípico

Se estrenó en 1984 y opuso a dos gigantes del cine en un drama íntimo, sin balas ni épica. Cuatro décadas después, vuelve a estar disponible para quienes no la vieron en su momento. La revisamos nota a nota.

JR
Josefina RiverosCiencia y universidad · · lectura 3 min
Una librería, un tren y dos casados: la película que juntó a De Niro y Streep en un romance atípico

A veces pienso que las mejores parejas deHollywoodno se conocen en una alfombra roja sino en un set de filmación, y por separado. Robert De Niro y Meryl Streep habían compartido escena en El francotirador, aquel film de Michael Cimino de 1978 que dejó a medio mundo con la mandíbula floja y al otro medio sin dormir. Seis años después, Paramount los citó otra vez, pero para algo muy distinto: un drama romántico sin balas, sin selva y sin helicó pteros. Sólo dos adultos casados, una librería en Manhattan y un sentimiento que aparece en el momento menos pensado.

La historia empieza como empieza un domingo de compras en diciembre. Frank Raftis, el personaje de De Niro, y Molly Gilmore, el de Streep, se cruzan en una librería del centro. Intercambian los paquetes por descuido y se van cada uno a lo suyo, como si nada hubiera pasado. El truco del guion de Michael Cristofer es lo que pasa después: meses más tarde, ellos se vuelven a encontrar en el viaje en tren que ambos hacen por trabajo. La rutina se vuelve rutina compartida, después familiar, después atracción, después problema.

Cuando el affair es lo de menos

Lo interesante del film, y lo que lo rescata del olvido, es que el conflicto no está en el romance. Está en lo que el romance obliga a revisar. Frank y Molly están casados y no son personas horribles, y eso es justamente lo que complica todo. No hay villanos, no hay excusas fáciles: hay dos personas que deben decidir qué hacer con algo que ninguna buscó, sabiendo que cualquier respuesta que den les va a doler a alguien. Es, en criollo, una película sobre la diferencia entre lo que uno siente y lo que uno está dispuesto a hacer.

Me parece que esa incomodidad cotidiana es lo que la diferencia de otros dramas de pareja. No hay hoteles lujosos ni escenas de estallido pasional: hay vagones de tren, cafés de esquina y conversaciones que arrancan con un "perdón, este tren va a la zona norte, ¿no?". Lo extraordinario pasa adentro de lo ordinario, y eso la vuelve extrañamente moderna.

El elenco de apoyo ayuda a sostener el mundo alrededor de la pareja: Harvey Keitel, Dianne Wiest, Jane Kaczmarek y David Clennon completan el mapa de matrimonios, obligaciones y cenas en las que nadie quiere mirar al otro a los ojos. La ciudad de Nueva York funciona como un personaje más: la librería donde arrancó todo, el tren que los conecta, los bares donde discuten sin levantar la voz.

Cuando se estrenó, la crítica se partió al medio. Roger Ebert le puso dos estrellas sobre cuatro y dijo, palabras más palabras menos, que el guion no terminaba de cerrar del todo, aunque rescató momentos puntuales de la química entre los protagonistas. Algunos críticos de la época la emparentaron con Breve encuentro, el film inglés de 1945 sobre un amor imposible en una estación de tren, que es como decir que la película quiso pelear en la categoría de los clásicos del romance contenido. En la taquilla no le fue mucho mejor: Box Office Mojo le computa 11.129.057 dólares en Estados Unidos y Canadá, con un estreno modesto de unos 2,3 millones. Para dos monstruos como De Niro y Streep, casi un obsequio.

¿Y eso para qué sirve?

Sirve para entender que hubo un momento, a mediados de los ochenta, en que dos de los actores más respetados del cine estadounidense se animaron a un registro chico, íntimo y casi hogareño. Sirve para recordar que De Niro no siempre fue Travis Bickle y que Streep no siempre fue la Kramer. Y sirve, sobre todo, para quienes hoy se crucen con esta película en algún catálogo de streaming: tienen frente a sí una rareza moderna, rodada en la Nueva York de antes de los teléfonos con cámara, donde dos personas se enamoran como se enamora la gente común, en un vagón de tren y con un paquete cambiado. Cuarenta y dos años después, sigue ahí, esperando a quien quiera mirarla.

JR
Josefina RiverosCiencia y universidad

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